sábado, 21 de noviembre de 2009

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Ser leído puede ocasionar ser malinterpretado. Puedo hablar muy intensamente sobre algo y quien me lee puede hacerlo muy intensamente también pero pensar que hablo, así de intenso, sobre otra cosa. Pueden confundir personas, sensaciones, momentos; pueden pensar que lo que leen lo escribí recién sin saber que solo copié algo de hace mucho tiempo.

Es gracioso que me preocupe por quién lee esto. Sé que aun nadie lo hace. Tengo la esperanza de que algún día, yo muerto o muy viejo, al menos tres personas hayan visitado este blog y hayan encontrado al menos una línea que recuerden hasta que se mueran.

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