La amenaza del uso ilícito de mi permiso de conducir por parte de algún delincuente me convenció de la necesidad de hacer la denuncia correspondiente. Denunciaría la pérdida del documento, sí, denuncio que perdí mi documento una noche en que subí a un taxi completamente ebrio. Denuncio también que pasó más de un mes desde lo sucedido y que no pensaba realizar denuncia alguna de no ser por la insistencia de mi madre con el asunto.
Ahora lo tenía claro, era necesario darme un tiempo para ir a la comisaría. Será un día en la mañana, el primer movimiento por las calles, la primera ocupación de un día lleno seguramente de más quehaceres.
Era una mañana como todas las anteriores. Despertaba una y otra vez, siempre en la cama, la ventana abierta, el sol muy fuerte, el aire frío. Desperté habiendo tomado ya el desayuno, lo había tomado la vez que desperté para bajar por las escaleras y mover un poco los brazos mientras camino. Un leve reproche de mi madre había logrado que esta vez despierte para siempre, dijo que por qué no me iba rápido a la comisaría a terminar con el asunto del documento extraviado y posiblemente usurpado. Asentí sentándome y quitándome el polo de dormir para vestirme de una manera apropiada.
Era una idea genial, pocas veces opinaba lo mismo de las proposiciones de mi mamá. Ir a hacer la denuncia, claro, cómo no. Nunca había realizado este tipo de trámites, me colgaría el reproductor de música portátil en el cuello, audífonos, caminar bajo el sol, era una manera buena de usar el tiempo. Estuve listo y bajé a la cocina donde mi madre preparaba el almuerzo, sabes el número de tu brevete me preguntó, yo respondí que no, que seguro mi nombre era suficiente, bueno tendrás que hacer un pago ahí en una maquinita, habló un rato más sobre alguna diligencia que había realizado ahí hace algún tiempo, yo pensaba en que seguramente me preguntarían en dónde lo perdí y cuándo fue y que por qué tardé tanto en hacer la denuncia y esas cosas. Me prestó el dinero necesario y salí.
Saliendo del pequeño jardín que cubre la entrada de mi casa noté a varios de mis vecinos ocupados limpiando sus pórticos, algunos carros, barriendo la acera, todos muy concentrados en su tarea pero algo particular había en sus rostros. Esta similitud en sus caras me resultó incómoda. Comencé a caminar rápido, sin saludar a nadie, pasé de frente y doblé la esquina. Un gesto en mi propio rostro bastó para sentirlo, para saberlo todo.
Hace un mes que no trabajo y hace mil años que despierto cien veces antes de despertar. No me levanto de la cama si no tengo algo que hacer. No cocino, no lavo, no estudio, no limpio. Vivo mis días a la espera de una casualidad, de un hecho fortuito que termine conmigo yendo a recoger a alguien o un sábado en la noche tomando ron y fumando exageradamente. Casi nunca (digo casi) tengo algo que hacer por la mañana. Hoy mientras caminaba hacia la comisaría descubrí que mucha gente vive repitiendo las mismas acciones una y otra vez, día tras día. Hacen la cosa y luego otra, mientras algo pasa por sus cabecitas hinchadas, algo que les recuerda que hay que hacerlo rápido, es necesario terminarlo, que es la vida hacer esto y empezar aquello y que mañana lo mismo.
Caminé con mis oídos reventando bajo los auriculares. Terminó la canción y avancé a la siguiente, cinco segundos y avancé a la próxima y así pasé las canciones sin escuchar más de diez segundos una sola canción hasta que la comisaría apareció frente a mí. Antes de entrar tuve la sospecha de que sería complicado preguntar algo a los tombos. Nunca he sentido que los policías sean personas corteses ni agradables. Había dejado correr una canción que no escuchaba por pensar en los hombrecitos de verde, me saqué los audífonos y entré.
Un polico se alejaba de un grupo de similares, me vio y sin dudarlo le hice la consulta. Verá señor, vengo a hacer una denuncia por pérdida de… me interrumpió completando ¿pérdida de documentos? Ahí en la puerta de la derecha. Note que había gente esperando sentados en una larga banca de madera. Perdí mi brevete le aclaré, ahí pues, en la puerta que le indiqué, ahí hace usted su denuncia. Vi la cola, que no era muy larga, seis u ocho personas y le di las gracias. Mientras caminaba pensaba pero qué, acaso alguien sabe que perdí mi licencia, me siento a esperar y ya, en qué momento pago a la maquinita. Pasé de largo, no leí ningún cartelito sobre la puerta, que además estaba llena de gente que al parecer no quería hacer cola y esperaban ser atendidos dando gritos y alzando sus papeles para que alguien los viera desde adentro. Mas allá logré ver lo que sospeché era la maquinita del pago, cuando me dirigía hacia ella decidí consultar a otro policía. Me indicó la misma puerta, pero, qué, me siento a esperar o entro nomás (ya la puerta estaba vacía, solo la gente sentada) el policía miraba alrededor como apurado y levantaba la cejas, dijo no, tiene que esperar, pero y en qué momento pago, creo que tengo que efectuar un pago le pregunté antes de que se vaya y me dijo ah sí paga primero y luego ahí donde le dije, pago en la maquinita le pregunte, sí ahí mismo, luego con su pago efectuado lo atenderán. El señor se fue muy apurado y yo seguí mi camino hacia la máquina cobradora.
Para entonces ya me sentía muy indispuesto a terminar la tarea. Me es intolerable el trato indiferente por parte de los policías a la gente que requiere de ellos. Te hablan como si uno debería ya saber dónde ir y qué hacer y cómo y les fastidia que uno les pregunte mucho y les haga ver o notar que su sistema es un completo desorden.
Observé otras puertas abiertas con otras filas de personas esperando para otros trámites. Me detuve mirando a un policía que explicaba algún detalle a una mujer mayor y noté debajo de esa gorrita verde un rostro que me pareció repetido, un gesto de hastío que provocó en mi la repetición de aquel pensamiento que tuve al salir de mi casa, la sensación de detestar la repetición y el volver a pasar por las mismas situaciones una y otra vez y no tener la libertad de un día no vivir y simplemente dejar de existir pero con la posibilidad de aparecer y ser un día otra vez.
Me pare frente a la máquina cobradora y leí las opciones que tenía para escoger, entre otras leí “pérdida de documento”, presioné el botón correspondiente y apareció en pantalla “ingrese número de documento”.
(febrero de 2008)