lunes, 31 de agosto de 2009

Confusa libertad

Me pregunto por qué cometo los mismos errores siempre. Sé lo que me hará sentir mal, arrepentirme, pero lo hago igual. Sospecho que abstenerme de hacerlo me dará felicidad pero lo hago de todos modos. Luego las lágrimas y las horas que pasan y no puedo dormir. He confundido libertad con equivocarme mil veces.

sábado, 29 de agosto de 2009

Momentos

Mi ensalada de frutas iba por la mitad. Las bolsas en las que traje mis tapers dobladitas en mis bolsillos, una en cada uno.

Roxi: Talibán, tu cuarto debe estar ordenadísimo.
Yo : Sí, no puedo salir de la ducha, entrar a mi cuarto y no ver la cama tendida.

Lo que no dije es que hay alguien que me la tiende.

Barey Buró

No salir los sábados por la noche me produce unas desesperadas ansias de hacer cosas como esta.

viernes, 28 de agosto de 2009

Después de este sueño, odiaré siempre estar despierto.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Inmersión

Al terminar la tercera hora me detuve, no podía ver las teclas. Era necesario prender la luz del cuarto. Luchito seguía con los audífonos puestos, los botones de sus máqúinas se prendían mientras él jugaba transformando los sonidos que grabamos en el sampler. La luz roja que salía por debajo de sus manos poyectaba su sombra en diferentes partes de la pared, cambiando de lugar al compás de la música que tratabamos de armar.

Prender la luz del cuarto fue como desconectar el equipo en una fiesta. Lucho me miró como sorprendido y asustado, parecía que recién hubiera despertado. Ya basta, le grité. Le dio ataque de risa, puso sus manos en su cara y sobaba duro sus cachetes. Sus ojos se achinaron y sus labios sobresalían... Abre la ventana y prende un pucho, carajo!... le lancé el encendedor. ¿Grabaste?... Solo los primeros veinte minutos, le respondí, si quieres escúchalo, puse play.

martes, 25 de agosto de 2009

Acción de una mañana

La amenaza del uso ilícito de mi permiso de conducir por parte de algún delincuente me convenció de la necesidad de hacer la denuncia correspondiente. Denunciaría la pérdida del documento, sí, denuncio que perdí mi documento una noche en que subí a un taxi completamente ebrio. Denuncio también que pasó más de un mes desde lo sucedido y que no pensaba realizar denuncia alguna de no ser por la insistencia de mi madre con el asunto.

Ahora lo tenía claro, era necesario darme un tiempo para ir a la comisaría. Será un día en la mañana, el primer movimiento por las calles, la primera ocupación de un día lleno seguramente de más quehaceres.

Era una mañana como todas las anteriores. Despertaba una y otra vez, siempre en la cama, la ventana abierta, el sol muy fuerte, el aire frío. Desperté habiendo tomado ya el desayuno, lo había tomado la vez que desperté para bajar por las escaleras y mover un poco los brazos mientras camino. Un leve reproche de mi madre había logrado que esta vez despierte para siempre, dijo que por qué no me iba rápido a la comisaría a terminar con el asunto del documento extraviado y posiblemente usurpado. Asentí sentándome y quitándome el polo de dormir para vestirme de una manera apropiada.

Era una idea genial, pocas veces opinaba lo mismo de las proposiciones de mi mamá. Ir a hacer la denuncia, claro, cómo no. Nunca había realizado este tipo de trámites, me colgaría el reproductor de música portátil en el cuello, audífonos, caminar bajo el sol, era una manera buena de usar el tiempo. Estuve listo y bajé a la cocina donde mi madre preparaba el almuerzo, sabes el número de tu brevete me preguntó, yo respondí que no, que seguro mi nombre era suficiente, bueno tendrás que hacer un pago ahí en una maquinita, habló un rato más sobre alguna diligencia que había realizado ahí hace algún tiempo, yo pensaba en que seguramente me preguntarían en dónde lo perdí y cuándo fue y que por qué tardé tanto en hacer la denuncia y esas cosas. Me prestó el dinero necesario y salí.

Saliendo del pequeño jardín que cubre la entrada de mi casa noté a varios de mis vecinos ocupados limpiando sus pórticos, algunos carros, barriendo la acera, todos muy concentrados en su tarea pero algo particular había en sus rostros. Esta similitud en sus caras me resultó incómoda. Comencé a caminar rápido, sin saludar a nadie, pasé de frente y doblé la esquina. Un gesto en mi propio rostro bastó para sentirlo, para saberlo todo.

Hace un mes que no trabajo y hace mil años que despierto cien veces antes de despertar. No me levanto de la cama si no tengo algo que hacer. No cocino, no lavo, no estudio, no limpio. Vivo mis días a la espera de una casualidad, de un hecho fortuito que termine conmigo yendo a recoger a alguien o un sábado en la noche tomando ron y fumando exageradamente. Casi nunca (digo casi) tengo algo que hacer por la mañana. Hoy mientras caminaba hacia la comisaría descubrí que mucha gente vive repitiendo las mismas acciones una y otra vez, día tras día. Hacen la cosa y luego otra, mientras algo pasa por sus cabecitas hinchadas, algo que les recuerda que hay que hacerlo rápido, es necesario terminarlo, que es la vida hacer esto y empezar aquello y que mañana lo mismo.

Caminé con mis oídos reventando bajo los auriculares. Terminó la canción y avancé a la siguiente, cinco segundos y avancé a la próxima y así pasé las canciones sin escuchar más de diez segundos una sola canción hasta que la comisaría apareció frente a mí. Antes de entrar tuve la sospecha de que sería complicado preguntar algo a los tombos. Nunca he sentido que los policías sean personas corteses ni agradables. Había dejado correr una canción que no escuchaba por pensar en los hombrecitos de verde, me saqué los audífonos y entré.

Un polico se alejaba de un grupo de similares, me vio y sin dudarlo le hice la consulta. Verá señor, vengo a hacer una denuncia por pérdida de… me interrumpió completando ¿pérdida de documentos? Ahí en la puerta de la derecha. Note que había gente esperando sentados en una larga banca de madera. Perdí mi brevete le aclaré, ahí pues, en la puerta que le indiqué, ahí hace usted su denuncia. Vi la cola, que no era muy larga, seis u ocho personas y le di las gracias. Mientras caminaba pensaba pero qué, acaso alguien sabe que perdí mi licencia, me siento a esperar y ya, en qué momento pago a la maquinita. Pasé de largo, no leí ningún cartelito sobre la puerta, que además estaba llena de gente que al parecer no quería hacer cola y esperaban ser atendidos dando gritos y alzando sus papeles para que alguien los viera desde adentro. Mas allá logré ver lo que sospeché era la maquinita del pago, cuando me dirigía hacia ella decidí consultar a otro policía. Me indicó la misma puerta, pero, qué, me siento a esperar o entro nomás (ya la puerta estaba vacía, solo la gente sentada) el policía miraba alrededor como apurado y levantaba la cejas, dijo no, tiene que esperar, pero y en qué momento pago, creo que tengo que efectuar un pago le pregunté antes de que se vaya y me dijo ah sí paga primero y luego ahí donde le dije, pago en la maquinita le pregunte, sí ahí mismo, luego con su pago efectuado lo atenderán. El señor se fue muy apurado y yo seguí mi camino hacia la máquina cobradora.

Para entonces ya me sentía muy indispuesto a terminar la tarea. Me es intolerable el trato indiferente por parte de los policías a la gente que requiere de ellos. Te hablan como si uno debería ya saber dónde ir y qué hacer y cómo y les fastidia que uno les pregunte mucho y les haga ver o notar que su sistema es un completo desorden.

Observé otras puertas abiertas con otras filas de personas esperando para otros trámites. Me detuve mirando a un policía que explicaba algún detalle a una mujer mayor y noté debajo de esa gorrita verde un rostro que me pareció repetido, un gesto de hastío que provocó en mi la repetición de aquel pensamiento que tuve al salir de mi casa, la sensación de detestar la repetición y el volver a pasar por las mismas situaciones una y otra vez y no tener la libertad de un día no vivir y simplemente dejar de existir pero con la posibilidad de aparecer y ser un día otra vez.

Me pare frente a la máquina cobradora y leí las opciones que tenía para escoger, entre otras leí “pérdida de documento”, presioné el botón correspondiente y apareció en pantalla “ingrese número de documento”.

(febrero de 2008)

Momento feliz

Ponte esto, dijo, y me puso un gorro de vaquero en la cabeza, es una fiesta de disfraces. Yo sonreí, ella llevaba unos cachitos de diablo rojos... Ahora mira para allá... Su hermana nos tomó la foto más linda que he protagonizado.

Una semana antes, el día de mi cumpleaños, mientras caminábamos buscando un taxi para que regrese a su casa cogí su mano por primera vez. Seguíamos hablando de lo mismo, pero nuestras manos se tocaban. Néstor caminaba con nosotros, también Mandroy y su novia Ximena, que se iba en el mismo taxi. Me apretó fuerte los dedos antes de subirse, desde adentro gritó: Halloween en mi casa, vayan todos!!!

La fiesta era un éxito, conocí a sus amigas, sus hermanas, sus perros, sus gatos, su jardín. La abundancia de pisco me impide hoy recordar detalles de aquella noche. Recuerdo que en un momento la cantidad de gente se había reducido. Me acerqué a ella y cogí su mano nuevamente. Conversamos junto a la mesa del comedor y nos reíamos de lo borrachos que estábamos todos. Ximena convenció a Mandroy de que era hora de irnos todos, la luz del sol empezaba a iluminar las esquinas del jardín donde aun algunos destapaban botellas de cerveza. Mandroy y Ximena se despidieron y me esperaron parados en la vereda. Yo de la mano de la chica con cachitos de diablo me detuve en el umbral de la puerta. Giré... Gracias por invitarnos, la pasé genial... Gracias a ustedes por venir... La besé en los labios.

Afuera Mandroy: ¡Besaste a !... Yo era feliz, así que: los invito a desayunar.

Preocupado

No me llama, que raro. Me pregunto si no estaré exagerando. Desde hace dos meses me llamó casi todos los días. A veces me aburría con sus historias, me contaba de su chamba, de sus juergas, de la chica que le gusta... yo lo escuchaba y hasta le brindé algún consejo. Sin embargo, desde el fin de semana pasado, no se nada de él. Qué casualidad que su prima haya estado ese día con nosotros. No sería la primera vez que por una mujer me deje de hablar dieciocho meses.

sábado, 22 de agosto de 2009

La prima

Llegué a la casa de Néstor y lo encontré tapadito con su frasada. Miraba un programa cómico en el que ya no veo personajes muy graciosos, al menos por estos meses. Me jodió que me diga que iba a estar listo para salir. Repetía constantemente que estaba triste, hacía puchero y los hombritos hacia abajo. Decía estar enamorado, pero lo deprimía no recibir noticias de su diva. habían ido al cine, luego a comer pero ella quería ir muy lento y él se desesperaba.

Mientras yo le hablaba de mis intenciones con Gretel entró en la habitación la prima de Néstor. Hola, me dijo sin mirarme... Néstor, ¿dónde está mi hierba?... Él respondió: al costado de mis zapatillas. Yo dije: si la dejas por acá, cada vez encontrarás menos... ella se agachó, recogió una bolsita, me miró y sonrió, caminó hacia la puerta, dio media vuelta y caminó hacia la cama. Néstor seguía envuelto, se sentó a su lado y, luego de cruzar tres frases cada uno, empezaron a discutir. Me ofrecí a enrollar un cigarro y me quedé callado escuchándolos. En el primer silencio levanté la cabeza y pregunté: ¿Cómo te llamas? Ella me miro a los ojos: Isabel, me dicen Isi, ¿tú?... Marco, le dije.

Luego de cuarenta minutos entramos a un bar. Néstor pidió tres chilcanos y yo compré los cigarros. Apretados entre gente que existe porque se toma un trago en este barcito antiguo, me encontré con algunas personas, conversaciones triviales, risas. Néstor se perdió un momento, me quedé solo con Isi. De pronto la note muy niña, tenía veinte años, me lo contó mientras terminaba su chilcano antes que yo, hablaba exagerando las palabras en inglés, yo repetía: Washinton, right?, disfrutaba de la sonoridad pero a la vez me burlaba un poco de ella. Cuando no tuvimos de qué más hablar empezamos a preocuparnos por Néstor, hacía casi veinte minutos que se perdió entre el tumulto y no volvía. Mi chilcano estaba por terminarse y era momento de irnos a otro lado.

Fui un momento al baño y encontré a Néstor hablando con dos tíos, al instante supe que eran gente a quien Néstor quería agradar, según lo que me contó luego eran muy capos en su trabajo, a mí me parecieron dos tipos muy aburridos, no gastaría ni un minuto hablando con ellos y menos por intentar agradarles. Comenté esto a Isi; tal vez lo hize porque estaba ansioso por irme de aquel bar. Néstor sabía que lo esperábamos pero seguía gesticulando mientras estos tipos lo miraban sin decir mucho. Para uno de ellos, estoy seguro, Néstor fue la única conversación de la noche. Isi notó también que Néstor no recibía el mismo entusiasmo por parte de sus amigos, yo me reí y le dije vámonos.

Cometí el grave error de responder una llamada de Néstor con el radio en altavoz. Néstor suele decir disparates cuando habla por teléfono, yo yo tuve el desatino deburlarme un poco frente a Isi. Néstor preguntó: ¿Ya te estás gileando a mi prima?... Nos miramos, segundo incómodo, sin quererlo había una química entre los dos... No, tío, respondí, estás locazo. Puse el parlante del teléfono a la altura de mi oído izquierdo para que Isi se acerque a escuchar, pude oler su pelo y pensar... podría ser.

A la segunda botella de cerveza llegó. Nos encontró en una barra un poco solitaria, espacio para dos. Una mesa quedó libre y así pudimos sentarnos los tres. Isi fumó el último cigarro, me ofrecí para comprar otra cajetilla, al volver noté que Néstor ya andaba medio alcoholizado, no paraba de discutir con Isi sobre lo mala onda de algunas personas que conocían, puras tonterías. Yo solo buscaba jugar con los pies de Isi. Pasaron muchas botellas por nuestra mesa y yo solo miraba aIsi, compartíamos cigarros y ella repetía que quería ir a una disco a bailar. Cogió la cajetilla, sacó un cigarro y lo metió a la caja al revés... este es the lucky one, dijo... el que te fumas al final y el que no invitas a nadie... lo fumaremos juntos más tarde, dije y le sonreí. Ella me devolvió la sonrisa.

Recordé que Gretel me había dicho para encontrarnos esa noche, tenía un mensaje de ella diciéndome dónde estaba, era una discoteca de Miraflores. Yo pensaba ya no ir a buscarla pero Néstor se encargó de persuadirme, se puso en un plan cojudo y casi él mismo marcó el número de Gretel desde mi teléfono. Al oir su voz recordé cuánto me gustaba y en menos de tres minutos estábamos en un taxi yendo a bailar.

Entramos al local y nos agradó la música. Fui en busca del baño y encontré a Gretel tomándose fotos con sus amigos. Me miró, me sonrió, me presentó a sus amigos y nos dejaron solos. Bailamos, cogí sus manos y de pronto nos besábamos contra una pared. Por momentos oservábamos a Néstor bailar muy afectuosamente con Isi... ¿de verdad son primos?... Sí, primos hermanos, le respondí.

Cada cierto tiempo Isi venía a decirme que nos vayamos... ¿estás seguro que te quieres quedar con tu amiga?... Media hora más... Ya, ¡media hora, ah!... Solo pasaron diez minutos y Néstor: Tío, nos vamos ¿te quedas?... Miré a Isi: No ha pasado media hora. Gretel miraba hacia otro lado. Isi se acercó a mi oído: Vámonos, si no, ya fue todo... ¿ya fue todo hoy, o ya fue para siempre?... Para siempre, respondió. Estiré mi brazo, le di la mano a Néstor: Nos vemos, tío. Los vi convertirse en sombras y desaparecer.

Qué planes

Igual me bañé. No tengo planes, no tengo plata para gastar hoy, no tengo amigos que vengan a visitarme pero igual salgo de la ducha, me echo el desodorante y me perfumo el cuerpo, tal y como lo hago cada vez que salgo por la noche. No es tan cierto lo de la ausencia de planes, pues sí tengo algunos. El más claro de todos es bajar a cenar dentro de algunos minutos. Otro plan es poner de una vez por todas una película que compré hace cerca de dos meses, La Conversación.

Escucho música mientras escribo, presentaciones en vivo. Este sería un plan interesante, escribir toda la noche mientras suena toda la música que tengo en mis reproductores. Por ahora solo existe a mi alrededor la música que sale de los altavoces del televisor. Música nueva, perfecto para no prestarle atención, música de fondo ideal. Jamás una música que guste mucho a uno funcionaría perfecta para permanecer en el fondo mientras se escribe; obvias razones lo explican.

Escucho una entrevista, no necesito levantar la vista para darme cuenta de que quien habla es la persona que cantaba hace unos minutos. No presté atención a lo que dijo. Ahora no puedo seguir escribiendo porque acaba de empezar a cantar una de los Beatles, creo.

Nuevamente un grupo de músicos desconocidos me permite continuar con el plan. Siento el aire frío entrar por la ventana, la flojera me impide levantarme a cerrarla, siento mis pies congelarse y solo atino a frotarlos contra mi cama. Por momentos, observar mi barriga subir y bajar al compas de mi respiración me conduce a un estado muy cercano al sueño, del cual salgo abruptamente por el sonido repentino del altavoz de mi televisor.

Paso de canal en canal pero me detengo en el mismo programa. No, es otro, pero igual es musical. Me divierte, Los Auténticos Decadentes están de invitados. No puedo dejar de cantar sus coros, están tan dentro de mi cerebro, sin quererlo me se toda la canción. Jamás bajé un mp3 de los Decadentes.

Llevo a cabo el plan de comer algo. Dos pedazos de pescado frito, arroz blanco y mucha ensalada que sobró del almuerzo. Siempre hay ensalada de palta, no imagino una ubicación más apropiada para la palta si no es en pedacitos junto a la lechuga hidropónica y tomates bien cortados, limón y sal.

Recibí una llamada que cambió todos mis planes. Se podría decir que ahora tengo un plan. Me vienen a buscar para hacer unos previos. Hay un plan que sigue en pie, no saldré de mi casa.

HALLOWEEN

Pienso en tí todavía. No dejaré de usar tu pantalón verde ni tu polo negro. La libreta que me regalaste luego de uno de tus viajes sigue llenándose con puros disparates que seguro podrás imaginar. Amy sigue interrumpiéndome con esa canción cuando viajo en un colectivo (porque no dejaré de viajar en esos carritos) y recuerda cuando cantaba muy alto mientras tú te vestías y yo te miraba desde la sala.

La calabaza de fin de octubre es testigo de todo. Sabe todo lo que pasó, todo lo que te dije, lo que no te dije, lo que pienso de mí, de tí, lo que me dolió que terminemos todas las veces. Ella me ve, de vez en cuando, sacar mi caja de recuerdos y mirarte dispersa entre notitas, tickets, fotos, algún arete tuyo, tus lentes y me ve sonreir al leer lo de los chupetes de uva.

Tengo la certeza de que este es el verdadero final. Me comporté mal la última vez, pero no me arrpiento; te senti muy agresiva y ya no aguanto eso de nadie. Ahora sí que no me llamarás ni me buscarás, tampoco contestarás si te llamo. Yo salgo con alguien ahora, sospecho que tú haces lo mismo, pero el motivo real de nuesta separación es la falta de complemento. Nunca nos complementamos de una manera positiva. Seguro que solo tienes reproches hacia mí, yo solo hablo de lo pesada que eres.

No se si quiero ser tu amigo en el futuro o si no quiero verte nunca más. No se qué diría si nos encontramos. No se cómo reaccionaría si te veo con otro. No se si te extraño, no se si te odio o si te amo o si nunca te amé de verdad. Solo quería decirte...


sábado, 15 de agosto de 2009

una vez más

No entiendo muy bien cómo comenzó todo. Según Celso, ella lo empezó hablándome de Gretel. Ahora recuerdo, su comentario me provocó gritarle lo del dinamarqueño y más. Pude hablar de su pequeño romance mientras no nos vimos, pude decirle muchas cosas y armar un escándalo como los de otras épocas. Sin embargo, solo atiné a comportarme mal. Un ente extraño crece en mi estómago y por mis venas se apodera poco a poco de mí. Es entonces cuando yo me siento detrás de mis ojos y no oigo nada, solo veo. Su cara de pronto me miraba mal, y vi cómo movia su cabeza y su boca, sus ojos se habían molestado mucho. El ente me paró un momento, me llevó a la barra y me hizo servirme pisco.

Ella saca lo malo de tí, me dijo Celso luego. Entonces me senté a su lado otra vez, el ente seguía hablándole. Noté que Celso, su hermano y su primo con asombro miraban mi cuerpo y se sorprendían con lo que oían al ente decir. Yo me entristecí mucho, ella comenzó a guardar sus cosas, el ente me abandonó, Celso tomó un trago, me paré, dije me voy al baño. Cuando volví ya no estaba. Alguien me dijo que soy un malcriado.

viernes, 14 de agosto de 2009

un toque, ya salgo

de pronto vienen las ganas de hacer esto muy rápido. no debería hacerlo, hay gente esperándome afuera de la casa; me llaman al teléfono para que les abra la puerta y de esto han pasado ya varios minutos. hace dos no había empezado, se me ocurrio comenzar al sentir que debía salir...

miércoles, 12 de agosto de 2009

timidez

hablamos todos los días hasta la una
siempre le da sueño
lamenta informarme que el sueño la invade
yo le digo que duerma y hablamos
hablamos me dice ella
Comprobar ortografía
aun no se mucho de ella
al chatear es muy expresiva
cuando la escucho por teléfono
no habla casi

la primera vez hasta pensé
para qué me llama este chico?
luego comprendí
es tímida

se lo pregunte chateando
respondió sí con un emoticón
yo también lo soy
y se lo cuento también




Sensación

Diariamente aquella sensación iba creciendo. Mientras cruzaba la pista para detener un taxi, al salir de su casa, al beber el café, al anudarse la corbata. Esta situación iba a cambiar, lo veía en la vereda, en el señor taxista, en las tiendas, en el semáforo, en el policía de transito de la avenida Javier Prado.

No más trabajaría para la empresa. Lo decidió un domingo. Imposible trabajar fuera de la capital. Dejar a su familia no era una opción. Suficiente marcar la entrada a las nueve de la mañana, saludar a los compañeros con respeto y cordialidad, amabilidad, protocolo, un total ensombrecimiento de su verdadera personalidad; llamar clientes, salir a buscarlos, adularlos, embaucarlos, desafiarlos, hacerlos firmar documentos tan solo por una cuestión de ego..."pero claro que te puedo pagar la inicial en este momento, vamos al banco" mientras la acompañante de su cliente, excitada, lo coge del brazo y lo besa en el oído. ¿Darle el punto de venta en Huancayo? Ni hablar.

Y asi, la situación cambió. Dejó de ir a la oficina y de fingir amabilidad. Tiene algunos proyectos y todas las ganas, solo que se muere de miedo de que no funcionen. Esa sensación va creciendo y eso lo estresa.


su equipo puede estar en riesgo

todo podría estar en riesgo. todo desaparecería como si nada, como un simple parpadeo de los ojos de la naturaleza. tanto esfuerzo, discuciones, alucinadas, estoneadas y mucho tiempo, se verían reducidos a un recuerdo hostil.

dadas las circunstancias de hoy, cuatro muchachos trabajando sin conseguir nada, no le sorprendería a nadie.

lunes, 10 de agosto de 2009

cruce

dos avenidas que se encuentran aparentemente se cruzan. las personas que caminan por estas avenidas, tambien se cruzan. ellos sí continúan siendo personas luego de cruzar la pista. una de las avenidas, por el contrario, deja de serse, convirtiéndose en una pequeña calle de doble sentido pero de un carril por lado.


un mensaje

Es todo lo que tengo, por ahora, para comunicar muchas cosas. Escribir cuando espero, cuando la compu piensa y calcula con sus propias palabras fórmulas para decirse otras palabras. También mientras espero que terminen los comerciales. Por eso escribo también cartas, exactamente e-mails, de los cuales recibo respuestas.


domingo, 9 de agosto de 2009

Síntomas

de pronto quiero hacer una llamada.
cada cierto tiempo respiro rápidamente.
veo una y otra vez todas las fotos.

Ese día no esperaba nada, solo acompañar. Ese día escuché Babasónicos toda la tarde, canté una de ellos luego, por la noche. Parado junto a la pared, mirando zapatillas y sonrisas, hablaba con un cigarro que me contaba en qué lugar mi mano se encontraba.

ahora acepto juerguear en el centro.
un nombre se repite en mis conversaciones.
coger el cel y llamar, una vez más.

Goodkisser no me dijo muchas cosas. Lo que yo dije muchas veces (y es verdad, pienso) a Goodkisser no convencía. Solo sus ojos y en algún momento sus manos. Ahora no había más zapatillas, solo un par de botas que me decían por dónde caminar.

una espiral se extiende desde uno de mis ojos.
veo una foto mucho tiempo.
cel.





domingo, 2 de agosto de 2009

Sol por la noche


De pronto el sol en la noche, como es costumbre cada tres mil setesientas horas. El momento más oscuro del día, sin embargo, las paredes, el piso y el techo lucen encendidos por la luz solar. Las demás habitaciones están ocupadas por personas que duermen, por sus cabezas desfilan imágenes distorsionadas de lo que ven durante el día, cuando la luz del sol no es problema; pero en este dormitorio es imposible dormir porque el sol alumbra y calienta como en un día de verano.

Demás está escapar y probar acostarme sobre la cama de alguna otra habitación de la casa. Bastaría cerrar la puerta, tres veces parpadear para que la luz del sol deje ver los objetos que allí descansan. Por esto, solo me limito a quedarme en ropa interior, por el sofocante calor, coger un libro de mi mesa de noche y leer hasta que la luz del sol de la mañana oscurezca la luz solar del sol de la noche.