sábado, 22 de agosto de 2009

La prima

Llegué a la casa de Néstor y lo encontré tapadito con su frasada. Miraba un programa cómico en el que ya no veo personajes muy graciosos, al menos por estos meses. Me jodió que me diga que iba a estar listo para salir. Repetía constantemente que estaba triste, hacía puchero y los hombritos hacia abajo. Decía estar enamorado, pero lo deprimía no recibir noticias de su diva. habían ido al cine, luego a comer pero ella quería ir muy lento y él se desesperaba.

Mientras yo le hablaba de mis intenciones con Gretel entró en la habitación la prima de Néstor. Hola, me dijo sin mirarme... Néstor, ¿dónde está mi hierba?... Él respondió: al costado de mis zapatillas. Yo dije: si la dejas por acá, cada vez encontrarás menos... ella se agachó, recogió una bolsita, me miró y sonrió, caminó hacia la puerta, dio media vuelta y caminó hacia la cama. Néstor seguía envuelto, se sentó a su lado y, luego de cruzar tres frases cada uno, empezaron a discutir. Me ofrecí a enrollar un cigarro y me quedé callado escuchándolos. En el primer silencio levanté la cabeza y pregunté: ¿Cómo te llamas? Ella me miro a los ojos: Isabel, me dicen Isi, ¿tú?... Marco, le dije.

Luego de cuarenta minutos entramos a un bar. Néstor pidió tres chilcanos y yo compré los cigarros. Apretados entre gente que existe porque se toma un trago en este barcito antiguo, me encontré con algunas personas, conversaciones triviales, risas. Néstor se perdió un momento, me quedé solo con Isi. De pronto la note muy niña, tenía veinte años, me lo contó mientras terminaba su chilcano antes que yo, hablaba exagerando las palabras en inglés, yo repetía: Washinton, right?, disfrutaba de la sonoridad pero a la vez me burlaba un poco de ella. Cuando no tuvimos de qué más hablar empezamos a preocuparnos por Néstor, hacía casi veinte minutos que se perdió entre el tumulto y no volvía. Mi chilcano estaba por terminarse y era momento de irnos a otro lado.

Fui un momento al baño y encontré a Néstor hablando con dos tíos, al instante supe que eran gente a quien Néstor quería agradar, según lo que me contó luego eran muy capos en su trabajo, a mí me parecieron dos tipos muy aburridos, no gastaría ni un minuto hablando con ellos y menos por intentar agradarles. Comenté esto a Isi; tal vez lo hize porque estaba ansioso por irme de aquel bar. Néstor sabía que lo esperábamos pero seguía gesticulando mientras estos tipos lo miraban sin decir mucho. Para uno de ellos, estoy seguro, Néstor fue la única conversación de la noche. Isi notó también que Néstor no recibía el mismo entusiasmo por parte de sus amigos, yo me reí y le dije vámonos.

Cometí el grave error de responder una llamada de Néstor con el radio en altavoz. Néstor suele decir disparates cuando habla por teléfono, yo yo tuve el desatino deburlarme un poco frente a Isi. Néstor preguntó: ¿Ya te estás gileando a mi prima?... Nos miramos, segundo incómodo, sin quererlo había una química entre los dos... No, tío, respondí, estás locazo. Puse el parlante del teléfono a la altura de mi oído izquierdo para que Isi se acerque a escuchar, pude oler su pelo y pensar... podría ser.

A la segunda botella de cerveza llegó. Nos encontró en una barra un poco solitaria, espacio para dos. Una mesa quedó libre y así pudimos sentarnos los tres. Isi fumó el último cigarro, me ofrecí para comprar otra cajetilla, al volver noté que Néstor ya andaba medio alcoholizado, no paraba de discutir con Isi sobre lo mala onda de algunas personas que conocían, puras tonterías. Yo solo buscaba jugar con los pies de Isi. Pasaron muchas botellas por nuestra mesa y yo solo miraba aIsi, compartíamos cigarros y ella repetía que quería ir a una disco a bailar. Cogió la cajetilla, sacó un cigarro y lo metió a la caja al revés... este es the lucky one, dijo... el que te fumas al final y el que no invitas a nadie... lo fumaremos juntos más tarde, dije y le sonreí. Ella me devolvió la sonrisa.

Recordé que Gretel me había dicho para encontrarnos esa noche, tenía un mensaje de ella diciéndome dónde estaba, era una discoteca de Miraflores. Yo pensaba ya no ir a buscarla pero Néstor se encargó de persuadirme, se puso en un plan cojudo y casi él mismo marcó el número de Gretel desde mi teléfono. Al oir su voz recordé cuánto me gustaba y en menos de tres minutos estábamos en un taxi yendo a bailar.

Entramos al local y nos agradó la música. Fui en busca del baño y encontré a Gretel tomándose fotos con sus amigos. Me miró, me sonrió, me presentó a sus amigos y nos dejaron solos. Bailamos, cogí sus manos y de pronto nos besábamos contra una pared. Por momentos oservábamos a Néstor bailar muy afectuosamente con Isi... ¿de verdad son primos?... Sí, primos hermanos, le respondí.

Cada cierto tiempo Isi venía a decirme que nos vayamos... ¿estás seguro que te quieres quedar con tu amiga?... Media hora más... Ya, ¡media hora, ah!... Solo pasaron diez minutos y Néstor: Tío, nos vamos ¿te quedas?... Miré a Isi: No ha pasado media hora. Gretel miraba hacia otro lado. Isi se acercó a mi oído: Vámonos, si no, ya fue todo... ¿ya fue todo hoy, o ya fue para siempre?... Para siempre, respondió. Estiré mi brazo, le di la mano a Néstor: Nos vemos, tío. Los vi convertirse en sombras y desaparecer.

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