miércoles, 26 de agosto de 2009

Inmersión

Al terminar la tercera hora me detuve, no podía ver las teclas. Era necesario prender la luz del cuarto. Luchito seguía con los audífonos puestos, los botones de sus máqúinas se prendían mientras él jugaba transformando los sonidos que grabamos en el sampler. La luz roja que salía por debajo de sus manos poyectaba su sombra en diferentes partes de la pared, cambiando de lugar al compás de la música que tratabamos de armar.

Prender la luz del cuarto fue como desconectar el equipo en una fiesta. Lucho me miró como sorprendido y asustado, parecía que recién hubiera despertado. Ya basta, le grité. Le dio ataque de risa, puso sus manos en su cara y sobaba duro sus cachetes. Sus ojos se achinaron y sus labios sobresalían... Abre la ventana y prende un pucho, carajo!... le lancé el encendedor. ¿Grabaste?... Solo los primeros veinte minutos, le respondí, si quieres escúchalo, puse play.

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