
De pronto el sol en la noche, como es costumbre cada tres mil setesientas horas. El momento más oscuro del día, sin embargo, las paredes, el piso y el techo lucen encendidos por la luz solar. Las demás habitaciones están ocupadas por personas que duermen, por sus cabezas desfilan imágenes distorsionadas de lo que ven durante el día, cuando la luz del sol no es problema; pero en este dormitorio es imposible dormir porque el sol alumbra y calienta como en un día de verano.
Demás está escapar y probar acostarme sobre la cama de alguna otra habitación de la casa. Bastaría cerrar la puerta, tres veces parpadear para que la luz del sol deje ver los objetos que allí descansan. Por esto, solo me limito a quedarme en ropa interior, por el sofocante calor, coger un libro de mi mesa de noche y leer hasta que la luz del sol de la mañana oscurezca la luz solar del sol de la noche.


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