martes, 9 de febrero de 2010

Ahí, pasando la terraza.

No pude más y salí al jardín. La noche se acercaba, me paré bajo tu árbol, abrí los brazos y cerré los ojos. Sabía que me mirabas desde la cocina, te escuchaba sacar los panes, meterlos a la tostadora, abrir y cerrar la refrigeradora. Sentí la lengua de Chómpiras en mis pies, su nariz rápidamente estrellaba su aire contra mis tobillos. Sin cerrar los brazos empecé a respirar profundo.

Pude sentir una sonrisa en tus labios. Respire profundo una vez más y el viento sopló fuerte. Chómpiras ladró cinco veces, la noche empezó conmigo de pie convertido en planta, mi mente había desaparecido, se había perdido junto a los limones que tu papá regaba por toda tu casa, se metió a la tostadora junto con al pan, sintió el aire sobre las hojas del árbol junto a mí. Cuando emprendía mi viaje hacia las raíces de aquél árbol que se disponía a contarme la historia de tu familia, Tita se acostó sobre mis pies. Abrí los ojos.




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