Yo solo soy un acomodador de proporciones. De niño dibujaba en el colegio y no lo hacía mal. Eran los años en que mi familia me veía convirtiéndome en un arquitecto o diseñador cuando sea mayor. Yo dibujaba y pintaba pero mi meta no era el dibujo en si, tampoco recuerdo si realmente disfrutaba de dibujar, pues me llenaba de ansiedad la perfección de un trazo. Pienso que solo me interesaba jugar a las proporciones. El ojo izquierdo a la altura de la mano sobre su cachete. La ventana debe estar más hacia la derecha, casi a la altura del perro en el jardín, pero no exactamente, si no un poquito antes. En fin, eso me divertía.
La música se me presento como el tocar una guitarra. Algunos de mis amigos aprendían a tocarla y yo los escuchaba, todos sentados en la vereda cantando las canciones que sonaban en la radio y que varios de ellos reproducían muy torpemente en ella. Yo notaba que algún acorde no era el adecuado o que el ritmo que tocaban estaba errado. Me aprendí de memoria algunas posiciones de la mano izquierda, vi algunos videos de guitarristas y un día pedí prestada una guitarra. Sin muchos problemas ya sabía tocarla y con el tiempo compuse algunas canciones, formé alguna banda de rock y decidí que la música se convertiría en mi vida completa.
Hoy, que ando buscándome entre esta maraña de recuerdos, noté que realmente no me interesa la música, disfruto de ella pero ya no la poseo, se ha convertido en mi pasado. La veo como veo ha alguna ex enamorada, me puede consolar en algún momento, podemos tener algún reencuentro alocado, pero no es más el motor de mi existencia.
Mientras me encuentre soltero de pasión, mientras no encuentre un nuevo amor, me dedicaré a escribir y a salir con mi ex de vez en cuando.


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