Las horas empiezan a molestarme, los minutos, el aire, las llamadas, el almuerzo, la tele, el dinero, la cerveza, la música, mi ropa, el estudio, las personas, mi cuerpo, el tiempo; me duelen. Duermo despierto, escucho la vida en las casas vecinas, las voces, sus cuerpos, el ruido, la cocina. Sigo durmiendo y siento la tarde caer, la luz pierde fuerza y abro los ojos.
¿Es así como se vive? ¿Es así como se es? Veo la luz unificar, congelar mil posiciones, espaciar, pero no logro entender desde dónde, ni si ese dónde es hacia dónde. Así que cierro mis ojos nuevamente mil minutos, tapo la luz con una almohada sobre mis ojos y dejo de existir más, un rato más, mil ratos.


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