Pienso en tí todavía. No dejaré de usar tu pantalón verde ni tu polo negro. La libreta que me regalaste luego de uno de tus viajes sigue llenándose con puros disparates que seguro podrás imaginar. Amy sigue interrumpiéndome con esa canción cuando viajo en un colectivo (porque no dejaré de viajar en esos carritos) y recuerda cuando cantaba muy alto mientras tú te vestías y yo te miraba desde la sala.
La calabaza de fin de octubre es testigo de todo. Sabe todo lo que pasó, todo lo que te dije, lo que no te dije, lo que pienso de mí, de tí, lo que me dolió que terminemos todas las veces. Ella me ve, de vez en cuando, sacar mi caja de recuerdos y mirarte dispersa entre notitas, tickets, fotos, algún arete tuyo, tus lentes y me ve sonreir al leer lo de los chupetes de uva.
Tengo la certeza de que este es el verdadero final. Me comporté mal la última vez, pero no me arrpiento; te senti muy agresiva y ya no aguanto eso de nadie. Ahora sí que no me llamarás ni me buscarás, tampoco contestarás si te llamo. Yo salgo con alguien ahora, sospecho que tú haces lo mismo, pero el motivo real de nuesta separación es la falta de complemento. Nunca nos complementamos de una manera positiva. Seguro que solo tienes reproches hacia mí, yo solo hablo de lo pesada que eres.
No se si quiero ser tu amigo en el futuro o si no quiero verte nunca más. No se qué diría si nos encontramos. No se cómo reaccionaría si te veo con otro. No se si te extraño, no se si te odio o si te amo o si nunca te amé de verdad. Solo quería decirte...


Tambien tengo una caja de recuerdos.
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